Cuando aparece la enfermedad, es necesario que recurramos a los distintos factores que la naturaleza pone a nuestro alcance; de esta manera, podremos fortalecer el cuerpo y restaurar la salud.
En ningún terreno —y, por tanto, tampoco en el de los sistemas naturales de curación— deben traspasarse los límites de la prudencia. Todo lo que sobra, perjudica; todos los excesos son malos.
Cada tratamiento natural debe ser individual; es decir, apropiado para cada enfermo y cada enfermedad.
Si un medio natural ayudó a un paciente, no significa que otro deba ser curado necesariamente por el mismo método. Muchas cosas influyen en el ámbito de la curación natural, entre ellas el estado espiritual del enfermo, y todas deben ser tomadas en consideración antes de decidirse a adoptar un tratamiento.
Todo depende de las reacciones individuales: algunos pacientes reaccionan más pronto con determinado medio curativo y otros con uno distinto. Al médico naturista, o al propio paciente que trata de curarse por sí mismo, le corresponde descubrir inteligentemente con qué factor curativo reacciona mejor su cuerpo.
Todo tratamiento es la unión de la lógica, la razón y el conocimiento.

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